METALITERATURA

Revista de literatura

No existen los buenos libros

10/21/2014 Entrevista

Ezequiel De Rosso es conocido en los pasillos de Puán por el magnetismo que ejerce dentro de un aula. Debería saberlo, tuve el privilegio de ser su alumna, aún cuando me consideraba una lectora muy alejada de su especialidad: el género policial. Mi experiencia seguramente se repite en los espacios de la Universidad del Cine, donde De Rosso dicta “Problemas narrativos”. 

 
Por:   Berasaluce Guerra Victoria

En tu libro Nuevos secretos, escribiste que en el inicio hay un misterio, un enigma, un crimen ¿Qué hubo en el inicio de Ezequiel De Rosso?

(Risas) Ehh…Uh… ¡qué pregunta! En el inicio de mis lecturas está una infancia feliz, digamos, yo recuerdo que he sido muy feliz, y que mi familia me compraba libros y viniendo de una familia de clase media sin lecturas particularmente sofisticadas u ordenadas era bueno está muy bien que el nene lea y me compraban cualquier cosa. Yo empecé a leer por eso, sin un horizonte de lecturas, yo empecé a leer con lo que me gustaba entonces leía básicamente policiales y ciencia ficción, y a mí nadie me decía que existía El Quijote o Proust o no sé si a un chico de dieciocho… o Jack London, alguna tía me daba Jack London o Asimov y… así me formé, para mí de hecho me cuesta mucho hablar así con otra persona…mi impresión es que hay una…que lo que pasó después es que para mí toda la literatura se mide con esa literatura como de cuarta…después me di cuenta ¿no?. Pero hay algo del orden del placer de la lectura que para mí se tiene que medir con eso. Placer puede ser leer a Saer digamos, o a Proust…pero ese placer tiene que estar sino es muy difícil.

¿Y algún escritor que te haya influenciado o impactado?

Uh qué buena pregunta… no, yo leía mucha ciencia ficción de chico entonces digamos…por ejemplo Robert Scheckley, que es un escritor de ciencia ficción satírico.

¿Sos de leer varias series de un autor?

No, no particularmente, sí me pasa de leer por ahí uno o dos para saber qué onda, para dónde va. Y después están los que trabajo, Paco Ignacio Taibo II. Pero es trabajo. Tengo poca paciencia para seguir las series.

¿Qué pensás que diferencia al policial argentino del policial en otros países?

La diferencia es Borges. El policial argentino se distingue de otros policiales porque la operación central que hace Borges en el cuarenta, reordena todo el campo. Entonces, cuando Borges trasciende de la vanguardia, esa cuestión sobre lo formal, que después está en La invención de Morel, cuando hace esa vuelta y tiene éxito dentro del canon, lo que hace es poner el policial y el relato fantástico en un lugar que no tiene ninguna otra literatura. Los escritores escriben lo que pueden escribir, no escriben lo que se les ocurre; lo que dijo Borges es “muchachos, está bien escribir policiales”. Los artículos de Borges hablando bien de Manuel Peyrou, no existen en ningún lugar del mundo. Existen acá porque es Borges, esa reivindicación de escritores que eran escritores competentes de género. A mí me parece que es eso y es lo que hace que el policial argentino sea tan frondoso y variado, que está legitimado por las instituciones.

¿Ves al policial argentino evolucionando en una línea determinada, además de la brevedad que mencionaste hoy en la jornada, o una tendencia común en los últimos años?

Hacia su destrucción. Me parece que lo que pasa es esto: los géneros de masas como los conocemos, funcionaban en un modelo de circulación de discursos; es decir, un género es una articulación de discursos y metadiscursos, que dicen, bueno, esto es policial, etc. y hay ciertos rasgos que pensamos que son de policiales y otros que pensamos que  son de ciencia ficción ¿sí? Lo saben los lectores, lo saben los escritores. Entonces uno escribe en género, o lee en género. Ahora, para que eso exista es necesario que haya pocos enunciadores y muchos receptores, que haya por ejemplo pocos escritores y muchos lectores, que haya pocas vías de expendio digamos, y muchos lectores. La sensación que uno tiene es que, en los últimos veinte años, cinco años, lo que empezó a suceder es que ese modelo empieza a hacer agua, entre otras cosas, por una expansión de medios digitales. Entonces, ¿qué sucede? Vos querés saber qué es un policial, una novela que sale, que no sabés qué es, en general el género me permitía seguir esa secuencia. La impresión que a mí me produce es que esta serie de efectos empieza a deshacer las fibras de lo que sostenía la estructura de género. Está bien, hay cosas que siguen siendo género y siguen funcionando como género y uno diría que, en muchos sentidos, es un género muy vital, por ejemplo en los últimos quince años proliferaron las colecciones de policiales. Está por una parte esa especie de disolución y por otra,… el gesto fundante de armar colecciones de policiales, que hace treinta años no había en la literatura argentina. Entonces está ese doble gesto, como un gesto histérico, mientras que el género por un lado parece desaparecer, por el otro, no deja de crecer la marca, los festivales de policial, BAN, Buenos Aires Negro, todas esas cosas hace veinte años no pasaban.  Pero hace veinte años estaba más claro qué era el policial. Ya que no hay acuerdo sobre qué es, armemos el acuerdo entre nosotros.

Un ejemplo serían esas novelas donde pasa de todo, como Moncada De Jorge Di Paola y Roberto Jacoby o las de Washington Cucurto.

Exactamente, que es un rasgo característico de nuestra contemporaneidad de la literatura argentina. Hay algo que es torrencial me parece, que el género esté desbordado, no es que no se podía encontrar antes, por ahí no en la Argentina, lo puedo encontrar en Levrero por ejemplo en la década del ochenta, o en Bolaño en la década del noventa. Creo que hay una voluntad de fijar el género en un momento en que a mí me parecía, tiende a desaparecer, que convive con un éxito inédito de masas del género policial en la Argentina, Que no pasa te diría casi en ningún lado, igual tendría que ser más cauteloso con esto. El éxito de Claudia Piñeiro o el éxito de Guillermo Martínez…eso no pasaba antes. Antes, era Andahazi el más vendido por ejemplo… o María Esther de Miguel en los noventa, El general, el pintor y la dama, yo no digo que la novela de Martínez sea necesariamente buena o que Piñeiro sea una gran escritora, ahora muchachos eso pasa y pasa en los últimos diez años. En ese sentido, ahí lo que está pasando con el policial, y que es excepcional en términos de literatura argentina, que hay una especie de éxito, de reconocimiento, de producción comunitaria y, a la vez, una creciente indefinición en aquellos que lo fijan, entonces nadie sabe que es una novela policial o cualquier novela en que los pobres matan gente es una novela policial por ejemplo, antes era realismo social ahora eso es policial.

Y si la novela policial de enigma se propone sorprender al lector, ¿cómo sorprende de Rosso a sus lectores?

Es muy terrible esto que me preguntas. Eh… no, yo creo que no sorprendo a nadie y que cuando…hay una frase que utiliza Felisberto Hernández que es muy linda que dice “la musiquita del yo”, es fatal, la relectura de uno mismo es fatal, uno se relee y dice “¡otra vez lo mismo!” ¿no? Uno piensa “ahora voy a decir lo que no dije antes”. Por ahí justo sobre este texto “esto no dijo nadie”, ponele, cosa que igual es difícil. Pero seguro yo ya lo dije de otra cosa, entonces me leo y digo “otra vez la misma idea”. Me escucho los mismos conectores, las frases están armadas todas iguales, bueno por ahí cambia el libro pero los mismos adjetivos, los mismos conectores, la misma sintaxis, yo me aburro, a veces encuentro alguna cosas y digo “ah mira que bien” esto me olvidé que lo había dicho, pero la escritura en eso es fatal porque uno tiene la fantasía del yo, uno siente que de alguna manera se expresa. Cuando uno escribe, uno piensa que está construyendo… y después, uno se va de ahí, en ese momento lo expresó y sintió que lo dijo bien, se va y cuando vuelve, eso que era caliente, productivo, se enfrió, uno ya no está ahí cuando lo lee y se da cuenta de todos los problemas que no había visto. Me pasa a veces que me leo y digo “esto no sé qué quiere decir”.

Sé que das clases en la Universidad del Cine.

Sí.

¿Con qué enfoque trasladas los problemas narrativos de la literatura al cine?

Ese seminario está armado sobre una hipótesis de trabajo que los mecanismos que definen al policial y la ciencia ficción, que es lo que doy, son mecanismos que si bien fueron clasificados como tales, no son privativos de la ciencia ficción y el policial. Por ejemplo, el enigma. Uno no diría que los únicos textos que hay que tienen enigma son los policiales, aunque sea característico del género. Todo ese seminario está armado a partir de películas que tienen enigmas policiales y textos literarios que tienen enigmas. Estos géneros son transmediáticos, lo que se encuentra en el cine y la literatura es básicamente un conjunto de textos narrativos que en algún sentido son homologables, en otros evidentemente no, un ejemplo es la importancia que tiene el cine negro en el cine, que no tiene ningún sentido en el policial de enigma. El film noir es un objeto cinematográfico específico. El policial de enigma no, no es un objeto. Hay cosas que pasan y hay cosas que no pasan del lenguaje, ése pasaje es uno de los grandes problemas de la estructura del relato. No tiene sentido leer novelas policiales para conocer lo mal que está el mundo. Para eso alcanza con ser yo.

Mencionaron en la jornada del día de hoy que Jacoby tenía la función de enzima catalizadora para Jorge Di Paola, ¿alguien funciona como enzima catalizadora para vos para escribir?

¡Sí, todo el tiempo! Uno siempre termina escribiendo para alguna gente, bueno… Roberto Ferro, Jitrik, uno escribe para los amigos, para pelearse con los amigos, para darles la razón, para citarlos, todo el tiempo, escribo no sé… para mi mujer, a veces escribo para mi familia, por supuesto que uno después además se calienta con objetos y con temas, dice “bueno ahora voy a demostrar…”. Para mí siempre fue más sencillo escribir en contra que a favor. Pensar un horizonte de problemas y ver qué nos está diciendo. La crítica funciona como un tipo de intervención. No existen los buenos libros, es una fantasía de lectores digamos. Lo que existen son los importantes, que eso es fácilmente comprobable, y los debates. No es que uno es hipócrita y lo que no le gusta lo reivindica, pero sí trata de reivindicar algunos libros porque reivindica algunos problemas. La gente tiene derecho a leer lo que les guste. Si le gusta Sábato que lea Sábato.

¿Estás trabajando en algo nuevo en este momento?

Ahora estoy trabajando en un artículo muy largo sobre la novela policial en la Argentina de los últimos treinta años, que es un quilombo que nadie sabe qué es… así que eso.

Bueno, muchas gracias.

No, por favor, ¡gracias a vos!

 

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