METALITERATURA

Revista de literatura

Modos de leer. Declinando a Ricardo Piglia

10/21/2019 Entrevista

Conversatorio entre Laura Estrin y Silvana López, en el marco de las Jornadas Ricardo Piglia, organizadas por el  ILH y realizadas en MALBA, en Agosto de 2019.

Este modo de intervención retoma ciertas líneas acerca de tu lectura sobre la obra de Ricardo Piglia.

 

 
Por:   Lopez Silvana R.

Silvana López

Este modo de intervención retoma ciertas líneas acerca de tu lectura sobre la obra de Ricardo Piglia, que por falta de tiempo no se concretó en su momento.

  1. Elegís palabras de Luis Thonis para comenzar tu lectura, un escritor que constantemente se situaba en una posición crítica respecto de lo que leía y de lo que escuchaba (no olvido su intervención en las Jornadas Libertella/Lamborghini, le pediste que se calle (risas)) y pensando que hoy, en el campo literario, no hay audiencias, no hay escucha productiva de lo que escribe o dice el otro; qué dirías sobre la literatura argentina en diálogo con la frase de Thonis que sostiene que durante las vanguardias, “nadie quería pelear en serio”.
  2. Tu trabajo apunta a articular dos series, la "literatura permitida" y la "literatura no permitida", que legitimás con el ensayo “Cuarta prosa” de Osip Mandelstam. Con la complejidad que estructuran los binarismos, por qué consideras solo dos modos posibles de hacer la literatura? Por una parte, qué pasa con esa prosa que todavía no se puede leer, que aunque esté en el campo de lo legible, es ilegible, en qué zona la pondrías? Por otra, no te parece que hay escrituras que ocupan, mortifican o transgreden esas dos zonas e inauguran otras?
  3. La cita de Thonis me resulta algo extraña -eso de decir que la literatura de ciertos escritores es imposible leer desde las teorías de Ricardo Piglia- cuando él mismo señala en una entrevista, que “es ridículo querer escuchar la música no tonal como a la tonal. Tiene que nacer otro oído.” Pienso que no todas las poéticas pueden leerse desde la misma teoría (por suerte) pero aún así, esa pretensión abre diversas posibilidades, tal vez no pueda leerse la obra, como dice Thonis, pero qué pasa si la cuestión la presenta la obra y no la teoría...
  4. En la dirección de la especulación de Mandelstam, ubicas la poética de Ricardo Piglia en la “literatura permitida” con una escritura que aparece como "ordenada", "domesticada", "calculada"; por un lado, que lee y escribe dentro de la lógica del canon oficial, y por otro, como una literatura que se construye con las teorías hegemónicas que circulan en ese momento... No crees que ahí talla lo que comúnmente se llama "modos de leer", modos de construcción de cánones? Qué diferencia a Piglia de la obra de Puig, de Walsh, de Saer, de Cortázar, que también ocupan el centro del canon? Y lo que sigue, acaso la literatura argentina no es producto de teorías e ideas que vienen de afuera, no era ese su proyecto romántico? acaso no es la argentina una literatura de segundo grado? Ya lo ha dicho y hecho Héctor Libertella: la literatura argentina tiene una tradición de lecturas, lee-traduce-escribe. Dónde hay que leer la “invención singularísima” leonidiana de la literatura, en la inventio, en la dispositio, en la elocutio
  5. No voy a detenerme en Beatriz Sarlo porque su lectura de Piglia pierde rigurosidad crítica y ganan las cuestiones personales. En mi lectura, la peripecia de quemar el dinero, que leyó críticamente Isabel Quintana en las Jornadas, ya vale la novela... Nicolás Rosa señala que Piglia y Libertella inauguran la “ficción crítica”, por qué sí a la ficción crítica de Libertella y no, a la de Piglia? En qué textos de Ricardo estás pensando cuando señalas que su obra es una novela de tesis, un arte teórico (cf. Rosa)? Digo esto porque, así como Héctor está convencido desde muy joven que va a ser escritor y su poética y su legado expresan ese cálculo; Ricardo, desde casi la misma edad, ensaya modelos retóricos para escribir, es decir, recurre a la doxa y tiene solo 15 o 16 años... 
  6. Es cierto que Luis Gusmán dice que Piglia se presenta siempre leyendo, pero también dice que es el “lector puro” y que es el que trae esa novedad a la literatura argentina, la del lector, la del “libro-valija”. Creo que por eso Gusmán lee a Leónidas, a Ricardo y a Héctor, juntos, porqué hacen “mezcolanza”, como dice Rosa, porque en su escritura se leen los retazos de sus lecturas... te parece que una literatura hecha de retazos, de lectura de otros, de metatexto, de cálculo y toma de posición (todos los escritores lo hacen) como la de Piglia, ‘solo’ es posible leerla como una obra crédula, previsible, sin sobresaltos? qué procedimientos y peripecias no tiene la obra de Ricardo Piglia que si tienen las obras de la otra serie que armas (Luis Thonis- Leónidas Lamborghini-Néstor Sánchez-Héctor Libertella-Lorenzo García Vega)?
  7. Por último, pensando en los procedimientos temáticos y constructivos de ciertos textos de Ricardo, como Prisión perpetua, La ciudad ausente, Crítica y ficción, en las maniobras y el trabajo inclaudicable que se leen en sus “manuscritos”, por qué la ficción crítica de Héctor Libertella, la mezcolanza de Leónidas, la Remington de Sánchez, es arte y la de Piglia, no? Como se leerá a Piglia cuando Héctor, Leónidas y Sánchez constituyan el canon oficial? Podrá hablarse de la resistencia del resto, de la ilegibilidad de esas literaturas, pero ese resto, bien leído, también está en Piglia, por caso, en las figuraciones femeninas (trabajo que no pude leer en el cierre de las Jornadas por falta de tiempo).

Espero tus comentarios o lo que se te ocurra.

 

Laura Estrin.

Respondo y agradezco muchísimo tu lectura y tu permitirme esta conversación:

 Posiciones. Hablo desde la perspectiva de autor. Hablo desde la perspectiva de  lecturas que tuve la suerte de cruzar. Series libres pero extremas (Cf. Cesar Aira, el realismo y sus extremos (1999)): Nicolás con su locura y sus desmanes (teóricos y existenciales); el "café" con su justísimo saber; los rusos con su dolor, su samizdat, su guerra y su muerte ("A mis poetas los mataron", "los poetas son judíos/ negros", Tsvietáieva). Mis maestros actuales, entre otras lecturas zigzagueantes, Hugo Savino en su arte genial del retrato y Milita Molina en su inteligencia de precisión agujereadora. Mis durísimos interlocutores. Crucé sin querer y por arte del destino a la serie no permitida, que es extensa y diversa, además. Ya no volví.

 Excepción. Libertella. ("A Erhenburg lo apreciábamos, a Pasternak lo queríamos". Tsvietáieva). Libertella es una obra que anda entre lo permitido y lo no permitido. Tiene el "topecito" de la Academia, del canon, de lo hegemónico en que vivió y se movió Héctor pero a la vez dejó la vida buscando ensimismarse en otra vuelta de tuerca (la frase de Aira: "tuvo que morirse Libertella... el único de su generación"). Aira también es uno que anduvo o anda en la cuerda floja de lo permitido no permitido, algo en él “no se deja”.

 Comparación comparable (recordando las necesarias comparaciones incomparables de Nicolás): Piglia es un Nábokov, un Brodsky, un Grossman: reflexivos de lo alto (grandilocuentes, teoricistas) que contentan a progresistas, humanistas que son en verdad fascistas (arman el canon de lo que no molesta, de lo que está bien decir, consenso que mata a muchos autores luego). Dicen un poquito de la verdad, porque como se sabe pocos la aguantan. (Verdad histórica, por caso: “Como éramos marxistas creíamos que la historia nos venía dada y no la estudiábamos”, Foucault).

   Lo binario: terrible. Aunque insisto en que lo permitido/no permitido son gamas discursivas, no soy del orden de lo múltiple, de lo infinito, del optimismo-coach. Permitido/no permitido que puedo pasar a basura-comercial (como decías vos el otro día)/literatura ("Le dicen literatura a cualquier cosa", Christian Ferrer). En lo permitido hay variantes. En lo no permitido también.  

 Me interesó pensar y marcar que Piglia conoce, sabe, trae lo no permitido pero construye canon. No se anima o no se le da, o no tiene el don, el de salirse afuera, el de desprotegerse (lo pienso simultáneamente en la forma y en el gesto, vida y obra) como sí lo hace Puig en sus últimas piezas azoradas y preciosas ("Triste golondrina macho", El ramo de rosas", un Beckett, un Kafka), también en su correspondencia.

 Me parece que de nuestro canon-Puán, que insisto hace años que es el mismo que  el del periodismo y las editoriales en general, tomado absolutamente por la igualación de todo (crítica, literatura, teoría: Hegel-Estructuralismo, para abreviar etapas) hemos sacado a Rest, hemos olvidado y perdido a Pezzoni y ni digamos a Martínez Estrada y a Murena y a muchos más. Algunos entran por la ventana como Correas o Baigorria pero no le acreditan estatuto o nivel o registro crítico serio. Hemos tachado a los combatientes de "lo literario" cuando matamos al autor, al sujeto...

 Yo leo desde Gombrowicz, Celine, Tsvietáieva, entre otros, que me mandan a una potencia de subjetividad del saber inaudita, insoportable pero enorme y singular, propia de cada uno. Savino trae hace más de 15 años a Meschonnic al castellano, traducciones y trabajos enormes, autor que leyó antes Thonis, desde ese marco ético-político hablo, pienso, pongo tono y modo a la guerra de lo permitido-no permitido.

 Lo que vos marcás como todavía-por-llegar las lecturas lo encauzarán entre arte-no arte. No hay general previo, va de uno en uno, incluso lo futuro (“Oponer a la comunidad una filosofía que defendiese al individuo…” Gombrowicz). Lo que no se puede leer aún, lo que viene del futuro: si se hubiera leído el mundo sería otro... hay que ir muy atrás para ir adelante. Todavía no leímos lo que ya creemos haber leído, incluso. ¿Qué leemos cuando leemos la lírica de Olivari?, leemos Boedo, pobreza, Dostoievski o leemos un poeta inaudito? Hay muchas formas de estar vivo pero más de estar muerto y hay lecturas, críticas que matan. Lo permitido son formas de lo muerto, de lo arado.

Permitido: no cruza el abismo, la desesperación, la soledad ("Artista es el que da un paso más cuando llega al abismo", "El artista es el que se atreve a fracasar como nadie quiere fracasar", Beckett). Pero es cuestión de sistema nervioso, de destino, no es voluntario ("Quiero escribir una novela de mil páginas", como dijo un actor argentino que escribe). Se tiene o no se tiene esa desesperación (llamémosla religiosa con Kierkegaard o romántica, pero nunca con Hegel y sí con Hölderlin a quien los alumnos no se le masturbaban en las clases como le cuenta el primero al segundo en la correspondencia). Ninguna dialéctica, ninguna mediación, oreja - como hizo Zelarayán. 

Y comienzo con Thonis (un insistente-persistente) y cierro el trabajo con García Vega: desterrado que anota los sueños (El cristal que se desdobla, genialidad de 100 páginas, ahora sí) y el re-sentimiento, gran motor de escritura. Leo desde la escritura, desde los riesgos de la escritura (que son los del cuerpo, claro).

 Preguntás por las vanguardias. Jlébnikov frente a Maiakovski. Clarito. No permitido- permitido. Lo no permitido puede meterse en lo permitido como mito, variante de la no lectura. Variante: transmisible/ no transmisible ("No se puede contar por teléfono", Néstor Sánchez). No hay plot ("Detesto a los que creen que todo es explicable", Murena). No hay descanso en los géneros. Hay escribir. ("Naufragar naufragar" de Osvaldo Lamborghini; el terminar abrazado a un árbol de Leónidas Lamborghini, cf. video en circulación).

 Vanguardia: registro panfletario no literario. Ola que se lleva otra ola ("Modernidad modernidad" de Meschonnic). La pelea en serio la da el solitario (Baudelaire: lo eterno en lo eventual), la vanguardia, en grupo, aletea, bravuconear así es más fácil. Peleles que van a Rusia invitados por Stalin y ven lo que les muestran (Sartre: "no hay que asustar a Billacourt). A los autores les pido todo, es claro, no? Ningún compromiso sino responsabilidad, "una honestidad irremediable” (N.Sánchez). Morirse fuera de Rusia, Tarkovski. (“Adentro imposible, afuera inútil”, Jodasievich). Y no son paradojas, es perder la vida cuando no se da la bolsa y se pierde ambas (anécdota de Freud y Lacán vestida por Nicolás Rosa).

 La literatura argentina no es secundaria: Mansilla, Sarmiento (¡que escribe inicialmente "Mi defensa"!), Macedonio, Mastronardi, Olivari, Castelnuovo, Zelarayán, Raschella, Bertolé, Barrandeguy, Pizarnik, Viel Temperley, Fijman… Muchísimos más son geniales, los que menciono en otros párrafos, también. Leo desde lo que leo, desde estas libertades. Sin retorno. "El drama sin atenuantes" (N.Sánchez) me impide leer los nombres trasvestidos de intelectuales, artistas o personajes literarios en las novelas de Piglia y de algunos más. Los nombres son núcleos literarios de riesgo (Ver los nombres en la obra de Hugo Savino (Viento del noroeste, La mañana sol de limón)). Piglia: En sus diarios, relatos y artículos leo imposturas (siempre está en Nueva York, más precisamente en Broadway, “escriben en la luna” –dice Aira y dice Stanislav Lem). Hacen exactamente "ficción teórica", ni chicha ni limonada, ni pensamiento nuevo, ni extensión de los límites de la literatura (“el discurso dice lo que no puede decir el signo”, Meschonnic). Piglia: gestos intelectuales, frágiles (“Los intelectuales son muy frágiles un poco de realidad y pueden verse muy perturbados”, Ph. Sollers),  su obra es el Bildungsroman de un penitente, de un sufrido, de un constreñido por lo permitido en la academia. Novelas con ideas anteriores a la novela, pre-supuestos, hipótesis de lectura. Triunfo de la línea Borges. "Literatura prologada", hija de la experimentación controlada Literal (D.Peller, Pasiones teóricas). Secretariados, funcionariato, becarismo (“beca va, beca viene”, A.M.Barrenechea y “ni beca ni vaca no hay belga que valga”, Zelarayán), Schollars.

 

 Recordar que no quise participar en el Encuentro- Jornadas Piglia y claudiqué ante tu insistencia. 

“Declinando Piglia”: genial título, ampara un poco mi lectura (Declina Piglia como declina el día…).[E1]

Las citas son todas de memoria, por lo que son parafraseos tal vez…

Silvana López

"progresistas, humanistas que son en verdad fascistas (arman el canon de lo que no molesta)"

En relación con armar "el canon de lo que no molesta" sospecho una generalidad que no resulta productiva, si Piglia conforma el canon que no molesta (no acuerdo), cómo leer a Puig que molesta y está en el canon... y vuelvo a mis preguntas, quiénes arman el canon, los lectores, los autores?  no te parece que le falta matices a tu idea de que un autor con solo llenar los huecos de la estela de un escritor canónico, pueda acceder y pertenecer al canon ...?

"Le dicen literatura a cualquier cosa", Christian Ferrer

Pienso que ciertas literaturas hay que pensarlas desde lo múltiple, literaturas que conforman el canon y el contracanon, la elite, la torre de marfil y también lo que hace vibrar, subvierte e interpela; como dijo Julio Premat en el Congreso de Rosario, Las humanidades por venir..." cómo definir (la)" es un problema que atraviesa toda la literatura y la historia literaria...

"Me interesó pensar y marcar que Piglia conoce, sabe, trae lo no permitido pero construye canon. No se anima o no se le da, o no tiene el don, el de salirse afuera, el de desprotegerse (lo pienso simultáneamente en la forma y en el gesto, vida y obra) como sí lo hace Puig en sus últimas piezas azoradas y preciosas ("Triste golondrina macho", El ramo de rosas", un Beckett, un Kafka), por ejemplo."

Creo que La ciudad ausente por sus procedimientos formales y temáticos, es inasible, indicidible, desprotegida.... Respiración artificial, molesta...hay textos y textos, reordenamiento de los mismos que van produciendo nuevos sentidos, no leo esa lisura permitida como si fuera un genio que encanta a "todxs"?? "encanta" a los lectores??...

"Todavía no leímos lo que ya creemos haber leído, incluso."

Coincido con vos que la vanguardia se juega en la lectura, coincido en que no leímos lo que ya creemos haber leído aunque para mi lo muerto no va al lado de lo arado, lo muerto es transformación, resignificación, potencia....reescritura, diferencia y la diferencia también escribe, como dice Blanchot y ahí hay que leer, por eso insisto que La ciudad ausente es el pliegue, un núcleo duro que resiste...

 

Laura Estrin

Sigo entonces, tal como Hugo Savino repite de Claudel, “no siempre entiendo, siempre respondo” y también con Nicolás Rosa que dijo que “Un análisis claro de la relación entre la literatura y su enseñanza nos induce a pensar que la didactización del objeto literario lleva a dos políticas: a soslayarlo o a destruirlo” y repitiendo a Viñas: “Si me apuran les digo que Walsh es mejor que Borges”: subrayando “apuran” porque siempre prefiero que me apuren como lo hacés vos, subrayando “Walsh” hacedor de crónicas reales, es decir uno de los mejores discursos literarios y subrayando “Borges”, ya dije, en ese triunfo del fracaso del canon argentino que sigue Piglia, el letrado-permitido.

 Me parece que "Declinando Piglia", tu perspectiva de mi lectura, me lleva a volver a separar autor (productor de obras permitidas o no permitidas) de institución (productora de cánones y también de lecturas no permitidas), es casi obvio. Figura social, arte asocial. Un autor es una obra y viceversa. El canon, las lecturas, el mercado, el bolsillo, la academia son el convento, la ciudadela, la crítica hegemónica, la institución. En Piglia concurren autor e institución. Piglia/su obra convive felizmente con la institución, hablan la misma lengua. No hay ripio: Piglia enseña el formalismo ruso de Jakobson y sus relatos juegan las “dos historias”, fábula y zujet. Hay elementos en un autor que tientan a organizarlo a la institución, que tientan que sus elementos se vuelvan orgánicos a un decir crítico (el optimismo que Merlau Ponty le criticaba a Sartre, por caso no lejano a Piglia) y por el contrario, por ejemplo, "Cuando la muerte también fracasa" de Correas sobre Masotta, elementos que sacan... a Correas y algo a Masotta de lo permitido. Pero me parece que es cuestión de perspectiva de lectura y de gusto, que insisto, es un largo saber y una larga elección sin retorno. Si elijo la metafísica (muy clara en la crítica que sigue a Hegel, Heidegger, etc…, casi toda la que dice que “la literatura ya fue”, esa institución que mató a Benjamin porque no aclaraba bien las mediaciones, la que hizo que le rechazaran su tesis doctoral…) o si me quedo en la física, en la oreja, en el pulso, en el grito, en la deíxis mínima de una frase.

 El mito de un libro-autor puede estar en lo permitido y su escritura en lo no-permitido. Siempre doy el mismo ejemplo. El fiord de Osvaldo Lamborghini en el canon, su poesía, La divina canción del diantre, sus fragmentos últimos, muestran que todo su mundo es no-permitido, inasimilable para el comercio crítico. No se puede ordenar. Quema. Con eso no hay mucho que hacer en las academias. Que haya lectores sueltos, al-menos-uno, no indica que sea una obra permitida. Es una obra reactiva que tiene aristas útiles, que pasan la aduana formalizadora, de niveles permitidos.

 Vuelvo: Piglia y Puig son canon, desde la perspectiva universitaria hegemónica pero la obra de Puig posee una resistencia de elementos que le permite vivir afuera. El tiempo me dará la razón.

 Tal vez la afirmación permitido/no permitido no sea una definición de la literatura sino una perspectiva para asir algunos discursos reponiéndoles su “honestidad irremediable”, “su drama sin atenuantes”, repito. Mandelstam estaba ante la vida y la muerte, el único motivo de la literatura para los autores que me inquietan e interpelan, por eso punteó su mundo así: permitido=vida, no permitido=muerte. Esa es la guerra literaria para algunos. Seguir escribiendo lo que él era lo mató. (Ahí mismo Libertella, en el mismo punto y tantos otros). Y justamente si hay procedimiento, si se lee el procedimiento no hay vida y muerte, esa cosita, la ramita de Mansilla –como entiende Milita Molina. Leo la literatura desde lo que esa literatura puede asir de lo real, la trasposición en mínimas transcripciones, como dice Celine en Diálogos con el profesor Y.    

 Silvana: una mirada clara y distanciada me dice que tus preguntas son claras (“Aquel que me interroga sabe también leerme”, Lacán) y allí mismo se hace evidente que yo ya no puedo leer solo desde las academias (que siempre parecen de corte y confección). Leyendo conocí el negocio vario del canon permitido (“Hagan lo que quieran pero no se organicen”, Pasternak en el Congreso Antifascista del ´34), no puedo ir en el sendero de teorías que fracasaron y que pocos quieren arrumbar porque se caen junto a ellas muchas cosas, mucho poder. Temo que esta conversación sea solo posiciones de lecturas: la literatura vive bien sin nuestras lecturas, no nos necesita, no nos espera para significar.

 


 [E1]y yo que lo había pensado como declinación de latínnn, me inclinas la lectura.

 

Video del encuentro en las Jornadas de Ricardo Piglia en MALBA 2019: https://youtu.be/uOPvZo0Avyg

Isabel Quintana: "Lectura y vida: Piglia, el último lector" Laura Estrin: "Piglia o la literatura argentina contemporánea permitida" Modera: María Claudia Otsubo

Título.-“Piglia o una literatura argentina contemporánea permitida”.

 


Ana Abregú.

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