METALITERATURA

Revista de literatura

Las errancias de una memoria

4/11/2022 Comentarios

A propósito de Fotosíntesis de Alejandra Jalof

La escritura de Alejandra Jalof en Fotosíntesis es una apuesta a aprehender la memoria por la figuración literaria dejando una traza indeleble como resto de una voz que insiste en decirse desdeen perpetua mutación.

 

 
Por:   Ferro Roberto

Las errancias de una memoria

A propósito de Fotosíntesis de Alejandra Jalof

 

 

La escritura de Alejandra Jalof en Fotosíntesis es una apuesta a aprehender la memoria por la figuración literaria dejando una traza indeleble como resto de una voz que insiste en decirse desdeen perpetua mutación.La narrativa que se despliega en los relatos de Fotosíntesis se da leer como un vasto cruce genérico de distintas variantes narrativas del yo; la escritura de Alejandra Jalof fluye por diferentes planos, aparece ala mirada lectora como una labor incesante de comprensión de sí misma y del mundo que la rodea.

Aludir al entramado genérico de los relatos que componen el libro implica referirme a procedimientos constructivos cuya labilidad habilita el ingreso a las más diversas estrategias narrativas. Casi de modo inmediato, el juego imaginativo  reclama un lector dispuesto a atravesar campos de significación múltiples, es decir, alguien dispuesto a “sondear el vado desde muy lejos”, la idea es de Montaigne, para poder adentrarse en el complejo artefacto que la variedad de temas y la incompletud en el tratamiento de los mismos le ofrece. Es que la narrativa de Jalof, en tanto prodigioso prisma en el que se experimentan formas, por su propia riqueza se despliega en un haz de palabras, historias, temas que generan una lectura sin clausuras. Por el contrario, se constituye en la fuerza disparadora para continuar avanzando en el conocimiento, en la indagación. En ese marco, la narradora inscribe su voz para  transformarla en la cimiento de la escritura. Lo hace, además, porque no hay temas que escapen a la reflexión que impone su utopía literaria; sólo basta la mirada atenta, la ausencia de vacilaciones para detenerse en el hecho nimio, en el acontecimiento cotidiano y en la enorme e inacabada preocupación por todo lo que la inquietó e inquieta  frente al mundo. Poniendo en escena una manera de buscar caminos para dar cuenta de cuáles son los asuntos sobre los que se interpela o sobre ha ido  deambulando a lo largo de su vida.

Su escritura explora registros que expandan los límites de la expresión componiendo un ajustado dispositivo en el que la palabra provoca la ficcionalización de la memoria. En su obra despliega una especulación narrativa sobre el conocimiento que, sin eludir la introversión, invoca el diálogo con su pasado. La intimidad no puede constituirse por sí misma,  sino que emerge de la relación con el mundo exterior.

La tapa de Fotosíntesises una exhibición desaforada del gesto que articula su poética. Jalofteje una urdimbre en la que la sensualidad de una voz narrativa, contaminada por la impronta irónica se asienta tanto en la visión como en el tacto.

Las palabras inscriben esa cercanía en una suerte de visibilidad posible. En el tacto hay una percepción del cuerpo externo y la sensibilidad del propio cuerpo que es percibido. En cambio, en la visión, el ojo que mira no aparece a sí mismo en la percepción. Contradiciendo estas observaciones sobre tal distinción, en Fotosíntesis la voz que dice los fragmentos figura las miradas como roces y no como  ejercicios de visión. Las miradas perciben como si estuvieran tocando lo que ven. Esa aproximación que enfrenta las superficies tiene vocación de profundidad, ajena a todo ejercicio de dominio. La escritura toca mientras ve para permitir que el otro instalado en la memoria, la otredad que viene de lejos en el tiempo o en el espacio, surja en toda su diversidad.

Si tuviera que aceptar el desafío de limitarme a una sola palabra para presentar este libro, no dudaría en elegir el viaje. Lo que pretendo examinar a través dela idea de  viaje es el movimiento, el ritmo, casi la respiración entre lo mismo y lo otro, entre el presente y la memoria. Ese trazado recoge travesías constituidas por búsquedas que, desde luego, no se reducen a la mera constatación, esto es, a descripciones escénicas o afines, sino que fueron vividas en hondura, como un viaje interior, viaje sentimental o temperamental que se ha consumado, simultáneamente, con el tránsito exterior. Sus intervenciones se abren a la mirada lectora a través de un itinerario posible entre muchos otros. Un itinerario que atraviesa regiones sin bordes precisos en el que la inquietud nómada de la voz narrativa ha buscado profundizar las insondables dimensiones de la otredad en un amplio espectro de sus manifestaciones posibles y ha intentado asumir el diseño de su identidad como un proceso en devenir, al tiempo que esa voz se configura en la modulación de registros  de gran heterogeneidad, articulados en formas literarias abiertas a múltiples derivas de sentido, orientadas hacia la avidez de los lectores. Hay en ese gesto un alejarse de sí misma, objetivarse en palabras, actos o formas, para transformar los estados interiores en una instancia del  yo de la escritura. La configuración de la identidad no se asienta tan solo en el ensimismamiento, sino que se va haciendo en un vasto tapiz en el que muchos de sus hilados provienen del mundo que nos circunda. Desde esa perspectiva, Jalof diseña un itinerario hacia el centro  de la intimidad atravesando territorios que asedian y complementan una sutil cartografía. Su escritura se nutre  de los cruces de ricas hibridaciones  entre lo ajeno y lo autobiográfico porque entiende que la comprensión no es una percepción clara y distinta, sino una vivencia donde interactúan la conciencia y el mundo, apoyándose uno en el otro.

Habiendo planteado esa aproximación a su libro, voy a diseñar una guía de viaje que me permita distinguir los tópicos narrativos que se diseminan en su obra. Con ese propósito dividiré estas líneas en tres ejes temáticos a modo de aproximación a la configuración de los relatos. Ellos serán: el uso del archivo, la añoranza y la memoria, y el viaje como autoexploración interior. El propósito de mi exposición consiste en el trazado de un mapa que permita esclarecer y dilucidar los entresijos de la obra. Bajo este lente, la voz narrativa de los relatos de Fotosíntesis se sitúa como una paseante nómada de la memoria, una paseante ávida de vivencia errantes, circunstancia que la asemeja a una guía de los escenarios de su propio pasado y por lo entornos que le dieron consistencia, un eterna exploradora de lo que no puede ser ni determinado ni clasificado. La itinerancia por comarcas recónditas, el viaje hacia nuevos territorios en un constante éxodo, hace que confluyan en la rearticulación de una identidad en tránsito. Para especificar esa aseveración, es imprescindible la caracterización de las temáticas que constituyen el andamiaje de su entramado. Para alcanzar ese propósito recurro a la figura de la constelación porque es un dispositivo en el que se entrelazan lo uno y lo múltiple.

Se destaca también la condición de texto fragmentario. Sin dudas esto constituye una marca significativa, en particular si de lo que se trata es de apelar a una forma de escritura que, en lo esencial, responde no sólo a un determinado tipo de asumir y valorar el mundo. Para hacerlo en los relatos se apela a artificio  que presenta los motivos de manera inconclusa pero con una fuerte impronta exploratoria en la medida que ese carácter de discurso inacabado es el que genera en el lector un acercamiento personal al asunto que se trata. No hay respuestas categóricas sino más bien un haz de interrogantes que pueden articular o desarticular saberes y certezas

Fotosíntesissitúa  al lector en un bordeposesionándolo en un juego de basculaciones, ya sea en un borde ya sea en el otro borde, en el margen o en el otro margen, emplazado, entonces,  entre la fragilidad del recuerdo, que busca atrapar los restos de sentidos, y la permanencia de la escritura, que se confabula con la fascinación de lo leído en un escenario montado por una ilación guiada por una voz narrativaforjadaen la continuidad con la que se entrelazan los relatos; como ese lector que bordea los bordes me dejado   arrastrar por la tentativa (mezcla de tentación y proyecto) de escribir como si yo también fuera un transeúnte de un pasado encantado por el sortilegio de la evocación. El límite nunca está fuera del escenario sino que los intersticios que lo ponen en abismo y saca a la escritura de los desiertos tan poblados de estereotipos y la hace delirar con imágenes de paisajes de médanos desplazados por una mirada que se cree otra, que se cree la mirada de la voz narrativa que compone los relatos del texto que presentamos.

Cada motivo narrativo que emerge  tiene relación con los demás, y ninguno de ellos puede ser entendido en su totalidad sin un eslabón que los relacione. Por ello, la pertinencia de un método cartográfico unirá los diferentes tópicos que se sustraen del análisis de la obra de Jalof, y a la misma vez, conformarán una constelación rapsódica. Las secuencias narrativasremiten a la noción de archivo. Ese lenguaje agrega una dimensión notable a los relatos,  un segundo nivel del discurso que expande y provoca en su consistencia la conjunción entre imaginar y leer. Estos procedimientos constructivos producen en el lector un extrañamiento poco frecuente en la literatura y conforma una geografíapropia. En este punto, Fotosíntesis en su insistencia, sobre todo en la insistencia en el fragmento: archiva y documenta y a la misma vez crea un juego entre la ficción y la realidad. Las connotaciones abiertas funcionan en Jalof como portadoras de recuerdos, son materiales que aparecen como potenciales generadores de reflexión afectiva y como indicios  de la complejidad del mundo. Relatos  de restos, de deshechos que conforman, de esta forma, una poética del fragmento. En este sentido, existe un procedimiento alegórico en los relatos, se trata de un deslizamiento de valores simbólicos  que tienen la función de pasaje que conduce hacia el desciframiento de  significados arcanos  como envíos de destellos de múltiples remisiones. Se trata de una búsqueda que se propone ir más allá, un proyecto de objetivación del pasado, de lo que permanece invisible y que los relatos son capaces de trasmutar y materializar en su confabulación con las palabras. Esta búsqueda es consumada por Jalof con plena consciencia de las maniobras de transcripciónde lo que no se puede definir, es una operación que se basa en la representación paradójica de lo invisible. Alejandra Jalof realiza un juego entre la invención de historias a veces basadas en hechos de la memoria compartida otras en su propia autobiografía. Un laberinto híbrido que puede ser denominado autoficción. El término proviene de un neologismo francés ideado por SergeDoubrovski, que se puede definir  como el testimonio autobiográfico de una voz ficticia que comparte su nombre y apellido con quien se presenta como autora. Esta aproximación que propongo se apoya en la  certeza de que en Fotosíntesislos fragmentosgravitan alrededor de un yo que oscila entre la autobiografía y la imaginación literaria, pero en el espacio ambivalente que se tiende entre ambos. El valor narrativo de la memoria juega un papel fundamental y entronca con la noción de archivo, creando una ambigüedad provocada y, en ocasiones, fulgurante y, a su vez,  también alcanza una elaboración subjetiva: la rememoración del pasado. Los recuerdos se narran como si las alegorías  tuvieran su propia memoria y evocaran ellas mismas cómo eran quienes posan en ellas, de cómo fueron en ese pasado los que ya no están y los supervivientes. Esas figuraciones que se entreveran en sus narraciones, parecen revelar los sentimientos que sobrecogen al lector, en ellas siempre hay un naufragio del tiempo: esto ha desaparecido y se trata de salvaguardar su retorno. Por ello, el uso que hace de la memoria compartida, enfatizan el rasgo de autenticidad y veracidad que es buscado en la intertextualidad  de los  relatos, aunque sean ficciones y a la vez funcionan como pasaje y huella que destella el pasado, apuntalando la proximidad que aportan. Jalof consigue articular un doble discurso que quizás pueda pasar inadvertido en una primera lectura, pero que debe ser analizado y estudiado en profundidad: la de documentar  textos imaginarios y reales fusionados por la fascinación de la ficción  que provocan tanto una expansión del texto escrito, como portadoras de una dimensión inasible para las palabras. La ambivalencia queda entretejida en un doble juego donde la búsqueda del pasado queda marcada por una inquietud insistente: el rescate de lo recóndito, lo que no volverá. Quedan entonces, como testigos mudos  que certifican los restos de un pasado que se intenta recuperar: el recuerdo que los relatos ofrecen es un refugio que mitigan ante la intemperie que provoca el irreversible paso del tiempo.

Fotosíntesis es el resultado de una sólida relación con la lectura unida al valor otorgado a experiencias vitales. Este vínculo le permite a Jalofreinterpretar los más variados temas, interrogar e interrogarse acerca del tiempo y el espacio de pertenencia, y reflexionar acerca de cuestiones relevantes como por ejemplo la literatura, y, al mismo tiempo, dialogar con cuestiones próximas al ámbito privado. El cruce entre ambas zonas está sostenido con frecuencia los deslizamientos paródicos.

En Fotosíntesis  quien dice yo no tiene nombre, pero esa circunstancia lo convierte en  punto de convergencia de los rasgos distintivos del nombre propio. Decir yo es inevitablemente atribuirse significados y, por lo tanto, atribuirse una deriva biográfica, disponiéndose imaginariamente a una trasformación, significarse como un destino para dar sentido a la temporalidad.

Jalofindaga con un gesto babilónico en torno del placer y del dolor del deseo, en las heridas de las relaciones que nunca se dejan atrás y de qué manera irremediable el paso de los años implican una situación de crisis y, cómo la palabra literaria es una dimensión privilegiada para afrontar el pasado.

Su narrativa propone un recorridopor los vericuetos de la memoria en los que hechos aparentemente triviales han quedado adheridos a algún punto de fuga errante que las palabras  atraen al presente para que no sean devorados por la molienda del olvido. La autora  bordea los bordes de la temporalidad existencial y de las delimitaciones genéricas con una fina y delicada maestría. Fotosíntesises una experiencia original y apasionante.

Si escribir es abandonarse a la fascinación de la ausencia del tiempo para inventar un devenir propio o mejor un devenir significado, si la literatura es la dimensión insólita y fascinante donde el tiempo se puede nombrar, esa fascinación en Fotosíntesis se hace también imagen, se corporiza en un juego que es tanto la refiguración de los recuerdos en relatos y la reinscripción de lo concreto en forma de imagen pero dicho en palabras ypara desestabilizar la servidumbre de las palabras a las cosas invierte narrativamente el sentido común que las hace depender de lo que representan en ese pesado enrejado, de esa cárcel del lenguaje.

Alejandra Jalof primero escribe, luego existe, ese es su lugar en el mundo y en esa indagación ha jugado su impronta narrativa.

Roberto Ferro

Buenos Aires, Coghlan, abril de 2022.

 





Ana Abregú.

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