METALITERATURA

Revista de literatura

La Pasión crítica

11/21/2015 Interesante

Textos y Mundos, Guanajuato, Universidad de Guanajuato, 2010, pp. 308.

 
Por:   Ferro Roberto

La selección de los ensayos que componen El lector apócrifo, 1998, y De la literatura y los restos, 2010, tuvo como objetivo establecer una composición en la que, en cada uno de ellos, un aspecto de la teoría de la lectura apareciera asediado en trabajos críticos y permitiera revisar una variedad de abordajes con sus derivaciones, sus aporías y sus diferencias. Esa modalidad  de selección no tuvo en cuenta el orden cronológico de publicación de los ensayos, sino, antes bien, el campo relacional que se concertaba en el armado de cada volumen.

Un criterio similar me guía en el armado de Textos y mundos, publicado por la editorial de la Universidad de Guanajuato en setiembre de este año, en el que se compilan  algunos ensayos anteriores a la publicación de los otros volúmenes a los que he hecho mención. De todas maneras, la mayor parte de los trabajos reunidos han ido apareciendo en los últimos años, lo que exhibe que mis preocupaciones teóricas se han dirigido hacia la relación entre los textos y los mundos que exponen en su conjunto una perspectiva plural de reflexión orientada a polemizar con aquellas concepciones que se asientan en la certeza de que las referencias textuales se sitúan en una dimensión que, más allá de las diferencias terminológicas,  pueden ser pensadas como un extratexto.

                Textos y mundos aparece dividido en tres secciones.  La primera de ellas se titula “El mundo histórico en los textos literarios”. Los mundos evocados en los textos literarios analizados en este apartado han sido configurados desde otros archivos por citas de documentación, testimonios, ya sea provenientes de la historiografía, del periodismo, o de otras formaciones discursivas que tienen la pretensión de constituirse como registros fiables de hechos ocurridos en el pasado. La referencia a esos mundos históricos desde la palabra literaria implica la apertura a un modo de configuración de los sucesos, los personajes, las consecuencias, que se aparta del régimen de verdad que sustentan los discursos con los que confronta, diverge, y/o reinterpreta. Los ensayos, sobre Rodolfo Walsh, Carlos Liscano,  José Eustasio Rivera y Enrique Bernardo Núñez, que forman esa primera sección exploran en el mundo histórico, perturbando las determinaciones fundadas en la verdad que privilegian representaciones del pasado autorizadas por evidencias documentales o testimonios.     

La segunda sección, “La figuración del escritor en los textos”, con ensayos sobre Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Marcos Aguinis y Jorge Di Paola,  se centra en las diversas formas con que los escritores construyen su imagen social, que se proyecta intensamente sobre la circulación de sus obras; uno de los asuntos más recurrentes para examinar es que las variaciones en la imagen del escritor se corresponden con cambios en los modos de lectura.

Finalmente, la tercera sección está conformada por artículos en los que predomina la indagación teórica. En su desarrollo se expone uno de los puntos en torno de los cuales se articulan los ejes que constituyen la concepción que se sustenta en los ensayos: el texto literario puede figurarse como una esceno-grafía, una puesta en escena de las huellas, de las trazas, de las estrías, de todas las modalidades posibles de una tipología del injerto; cada texto es un entramado con múltiples cabezas de lectura para otros textos, una deriva de convergencia de operaciones de desplazamiento y proliferación en las que no sólo desaparece el origen, el origen ni siquiera ha desaparecido: nunca ha quedado constituido. En el injerto textual, condición de posibilidad del texto, la lectura y la escritura tejen mutuamente un doble suplementario, vacilante e inestable. El injerto es el procedimiento sobre el cual se sobreimprime el trazado de las citas que se urden en constelaciones. La escritura se imprime y se sobreimprime sobre el fondo blanco de la página que como un bastidor dispone las marcas en un proceso incesante de significaciones que envían a otras marcas en un ir y venir de la letra que titila y el ojo que contrabandea los sentidos sin alcanzar la clausura que atenúe su deseo.

 

 

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