FRIDAS de Cristina Escofet por Ana Abregú

Yo habito la grieta entre lo que soy y lo que digo ser.

 

[Silvia Plath]

 

La obra comienza con Ana Yovino, presentando a Frida, un encuentro profundo entre la destreza del cuerpo actoral y la tradición mexicana de la muerte, en un cruce entre memoria, cuerpo y poesía.

Yovino baila en traje blanco y máscara de calavera, en una apertura que establece el vínculo con la ancestral celebración del Día de Muertos, donde la muerte se acepta y se honra con una estética que gira en torno a la calavera como emblema de transformación y reconciliación con el ciclo vital.

 

La máscara de calavera y el traje blanco evocan uno de los íconos esenciales de la tradición mexicana: la Catrina, remite a la representación irónica y solemne de la muerte. Esta tradición es una filosofía que resignifica el fin de la vida desde el respeto y el festejo, donde Yovino metamorfosea su cuerpo en un vehículo poético que da testimonio de la vida y del dolor, tomados desde el universo singular de Frida Kahlo, donde el sufrimiento corporal y la identidad se manifiestan en toda su potencia; conjuga movimiento, gesto, se inscribe en la corporalidad ritual que caracteriza los festejos del Día de Muertos. El baile inicial en blanco con máscara de calavera; una puesta en escena estética, ritual corporal que anuncia la ruptura entre vida y muerte, entre lo tangible y lo espiritual.

La destreza de la actriz hace presente la tradición mexicana desde la expresividad del cuerpo como lenguaje, se nutre del simbolismo cultural e invoca la memoria colectiva que se genera en la festividad de la muerte. El traje blanco, émulo de esqueleto, se convierte en un altar viviente que transmite la agonía y la celebración que encarnó Frida Kahlo; el poder expresivo permite que la dualidad inherente a la celebración mexicana de la muerte, el respeto solemne por el fallecimiento y la celebración festiva de la vida se materialice en escena. La máscara, lejos de disociar la identidad de la intérprete, la multiplica bajo el signo de la muerte ritual que se vuelve un puente entre lo humano y lo trascendental; articula un diálogo potente entre cuerpo y cultura. La actriz, a través de su manejo del lenguaje corporal, la voz y el simbolismo de la máscara calavera, no solo representa a Frida Kahlo, sino que evoca la continuidad de una tradición que resignifica la muerte como un acto de belleza, transgresión y memoria colectiva, logrando que la audiencia experimente un rito teatral cargado de significado emocional. Esta combinación de talento y tradición subraya la riqueza del teatro comprometido con la identidad cultural y la exploración de misterios humanos.

Ana  Yovino despliega las Fridas, latido y pulso, tic, tac, un espejo donde mirarse vivir, la que mira ahora hacia sí misma y se propone como posibilidad extrema y única que reside en el técnica.

El trazo en el cuerpo se desplaza desde el principio especular del arte hacia la expresión autorreflexiva, define el movimiento que signa la evolución del proyecto de dar voz al cuerpo y explicación a su propio hacer.

Asistimos a un panóptico de transformaciones, que más allá de los elementos de la puesta, recorre la vida de Frida a través de la poética de las imágenes, el rico testimonio de su personal visión.

Aún antes del accidente o de su condición de consorte, de extremo y desaforado amor, tanto a Diego, como a mujeres y humanidad, Frida estaba determinada por el reconocimiento de una contraposición fundamental: la de la situación objetiva, su realidad, y con ello, la de la mujer representante de su época; una mujer que habita en el universo mental en forma de idea, con sus condiciones étnicas, geográficas, cultural.

En esta lógica, más allá, en relación con la fidelidad representativa del objeto artístico respecto a la realidad, Yovino reviste al arte en general, nace de la decisión de Frida de convertirse en espejo de su mundo, en la virtud con que la subjetividad está vuelta hacia el exterior.

La voluntad especular del arte de Frida se entiende como una búsqueda por trascender en el mundo objetivo.

Cada movimiento de Yovino funda un renacimiento como elemento propiciatorio para la relación entre persona, personalidad, expresión, lenguaje visual, movimiento introspectivo y que con la complicidad de la iluminación transmuta en poemas visuales que da sentido a la obra y que, a su vez, adquiere potencia con las palabras y en ellas nace y vive con la palabra.

Obra esencial que se acomoda como en su residencia, como en su morada; el movimiento hecho expresión; la palabra que dice, entredice, muestra, entrevista la grieta de una realidad, Frida misma, el abismamiento de la imagen con la implicación del personaje imaginante e imaginado, instaura su destino en el lienzo, y en las palabras de Yovino, écfrasis poética, el viaje mental hacia geografías y tiempos de la mujer potente, el orden visual de la mujer, la forma en que deben percibirla: una obra de arte, una identidad en curso que Yovino materializa con riqueza y complejidad con significados que emergen de su experiencia personal, su identidad cultural y su compromiso político, marcando una diferencia sustancial respecto a las escuelas artísticas que la rodearon, especialmente el muralismo mexicano y el surrealismo.

La puesta trasciende el simbolismo para expresar la realidad física y emocional de Frida, la dualidad como tema clave: representa la identidad dividida entre la herencia europea y la indígena mexicana, un simbolismo reforzado con elementos como las arterias conectadas y los corazones expuestos que aluden el dolor y la unión interna entre ambas identidades muy bien representados en las figuras que se usan en la obra y se convierte en vida y reflejo del sufrimiento, amor, entrega, arte, la conciencia de sí misma y su lucha por su identidad personal y cultural, cargando con el dolor del cuerpo sometido.

Con economía de elemento se recorren los símbolos recurrentes como los monos, que representan los hijos no concebidos y al mismo tiempo la sexualidad; los loros, la voz de la repetición, del pregón; o el tocado de flores emblemas de feminidad y conexión con el cosmos, apuntan a una narrativa profundamente personal que trasciende lo biográfico para abordar temas universales de dolor, resistencia y feminismo; especial enfoque en fauna local colocando ante el mundo la importancia de integrar la riqueza de la naturaleza.

El vestuario contribuye con la presencia de símbolos que alude a su resistencia y fortaleza, y objetos cotidianos que adquieren un significado metafórico y hacen de la obra un lenguaje visual que expresa tanto dolor físico crónico como lucha política y cultural. Kahlo prefiere definirse no como surrealista, movimiento asociado a lo onírico y al inconsciente, sino como alguien que representa su realidad última, un enfoque radicalmente honesto que rompe con la abstracción típica del surrealismo.

El muralismo mexicano, movimiento contemporáneo de Kahlo influenciado por la Revolución Mexicana, promovía un arte con contenido dirigido a las masas, enfatizando la colectividad y la historia nacional. Diego Rivera, esposo de Frida, forjaba figuras heroicas, alegorías de la lucha obrera y escenas históricas de México, con un enfoque principalmente público y didáctico.

En contraste, el arte de Frida Kahlo es íntimo, introspectivo y profundamente subjetivo. Mientras que el muralismo busca comunicar una narrativa colectiva, Kahlo hace visible lo invisible del cuerpo y el alma, sobre todo las heridas internas, desequilibrios psicológicos y cuestiones de género desde una perspectiva feminista. Su obra desafía las normas estéticas y temáticas de la época al combinar elementos de la pintura naíf con referencias culturales mexicanas, y una mayoría de autorretratos que revelan una identidad fragmentada y en lucha constante que veremos en la obra entre gestos, movimientos, relato y poemas, con apoyo de voces en micrófono en off que genera una atmósfera de evocación mística. Los elementos incorporados integran con originalidad el relato, recrean los viajes de Frida, su obra, situaciones que atravesó con asombro y temor, la fuente que alimentó un talento singular.

La obra destaca que el trabajo de Kahlo constituye una forma de autoconstrucción visual a través de la cual explora temas como la dualidad vida y muerte, herencia europea e indígena; el dolor, la discapacidad, la identidad de género y la sociedad en la que necesita imponerse, destacarse, dejar huella.

El análisis de su obra muestra un uso consciente de crear un diálogo entre el cuerpo físico y emocional, y entre lo personal y lo político.

Se resalta cómo Kahlo, al incorporar elementos precolombinos y de la cultura popular mexicana, logró un arte con una dimensión cultural propia y una ética estética que negaba la idealización del cuerpo femenino, presentándolo en toda su complejidad y vulnerabilidad.

Su arte es reconocido por su valor plástico y el impacto en movimientos contemporáneos de identidad, género y clases, haciéndola una figura emblemática que ha influenciado desde artistas hasta políticas feministas modernas, incluso en contextos internacionales. Esta amalgama entre la biografía dolorosa, la exploración cultural y la crítica política sitúa a Frida Kahlo como un referente singular dentro y fuera de la historia del arte que Yovino encarna con fluidez mimética.

La obra va más allá de la mera representación visual para convertirse en un aleteo constante entre lo visible y lo invisible, lo corporal y lo simbólico, lo íntimo y lo social, lo local y lo universal, y se destaca de las corrientes artísticas de su época precisamente por esta complejidad y profundidad emblemática.

Espectáculo visual con ingeniosos elementos que se recombinan en dispositivos que han quedado en el imaginario del público, artilugios de madera, como si ella misma estuviera siendo encajada en un atril de madera, convirtiéndose en la obra misma.

Impresionante mujer, rehecha en costuras de cuerpo y circunstancias que Cristina Escofet ha dotado de voz potente y singular recorriendo la obra de la artista y mediunidad de Ana Yovino; extraordinaria figuras entre luz, color, sombras, una puesta imperdible; personas-grupo, iluminadores, dirección, vestuario, elementos, sonido, convergen en Ana Yovino un talento que tanto muta de Antígona a Malinche, ahora Frida, mujeres de vidas universales, en puestas en escena inolvidables.

 

El arte más poderoso de la vida es hacer del dolor un talismán que cura, una mariposa que renace florecida en fiesta de colores.

 

[Frida Khalo]

 

 

 

Ficha técnico artística

Idea Original: Ana Yovino

Dramaturgia: Cristina Escofet

Actúan: Ana Yovino

Accesorios: Roxana Ciordia

Diseño de vestuario: Maydée Arigós

Diseño de objetos: Alejandro Spangaro

Diseño de luces: Horacio Novelle

Realización de vestuario:Aníbal Duarte

Música original: Rony Keselman

Fotografía: Francisco Santos

Asesoramiento artístico:Layc (El Joven)

Asistencia de dirección: Soraya Abdul, Layc (El Joven)

Producción: Alejandro Spangaro

Coreografía: Mecha Fernández

Dirección: Mecha Fernández, Ana Yovino

Agradecimientos: Hernán Graña

 

Clasificaciones: Teatro, Presencial, Adultos

CENTRO CULTURAL RECTOR RICARDO ROJASAv. Corrientes 2038 (mapa)

Capital Federal - Buenos Aires – Argentina

Teléfonos: 4954-5521 / 4954-5523

Web:http://www.rojas.uba.ar

Viernes - 21:00 hs - Hasta el 29/08/2025 y Del 12/09/2025 al 26/09/2025

 

 

 

 

 

    Ana Abregú, escritora, con formación en ingeniería electrónica trabaja como SEO posicionamiento y Community Manager, ha publicado novelas, poemarios, relatos, ensayos y crítica literaria. Editora y redactora de la revista Metaliteratura. (http://www.metaliteratura.com.ar), shop de libros editados: http://shop.metaliteratura.com.ar. Obras: SO( Crónicas Octubre 2024 –diciembre 2024), crónicas, enero 2025; INTRꜴVERSIÓN, poemario, enero 2025; Novela en curso, ensayos, enero 2025; Terrorrisa, ensayos, enero 2025; Borges comentado, ensayo, crítica, enero 2025; Ante (Crónicas, septiembre 2023 – diciembre 2023), crónicas, Enero 2025; Tiples (Relatos, enero2025); Viceversa (Crónicas, Enero 2024 – Septiembre 2024), enero 2025;Didascalias , (Artículos dramaturgia julio 2024); Bitácora de escrituras, Recursos literarios, 2024, U (Crónicas junio 2023 – agosto 2023), crónicas, 2024; E (Crónicas enero 2023 – mayo 2023), crónicas, 2024; Ulises en su laberinto, ensayos, junio 2024; Las razones de la sal, novela, enero 2024; Venablos, poemario, 2023; A (Crónicas, agosto 2022, diciembre 2022), 2023; Errancias del ayés, relatos, 2023; Conversaciones con Žižek, relatos, 2023; Blogs para el posicionamiento, SEO posicionamiento, informática, 2022; O (crónicas 2022 – agosto 2022), 2022; Ignitos, relatos, 2022; Y (Crónicas, abril 2020 - febrero 2022), 2022; Teorema de la Lengua, poemario, 2022; Pentimentos. novela, 2022; Supay, novela, 2021; El Pallo Gelao, humor gráfico, 2021; Pareidolia, crítica literaria, 2021, Antí(eu)fon(í)as, poemario, 2021; Textorios, ensayos, 2021; Cíngulos, ensayos, 2021; Descontextos, ensayos, 2021; La mujer fingida, novela, 2020; Atrave(r)sar, poemario. 2020; Dédalo. novela. 2020; Ex criaturas. microrrelato, 2020; Señales del tacto, novela. 2020; Mover el punto, novela. 2019; El espejo deshabitado, novela. 2019; Paranoxia Dalí, novela, 2018; Adelaida Sharp en tu tiempo, novela, 2017. Se consiguen en Amazon.

DESTACADOS

Almas de Griselda Gambaro por Ana Abregú

Soy una multitud. Cuando pienso o siento, ignoro quién piensa o siente.

 

[Fernando Pessoa].

 

Almas presenta  un intenso monólogo en el que la protagonista, Marion, entabla un diálogo consigo misma.

Marion ejecuta una impresionante transmutación al encarnar alternadamente voces que son un diálogo consigo misma; una forma de neutralizar la decepción que le produce las contradicciones de su realidad; logrado con una actuación de gran complejidad y profundidad. 

PERSONAJES

Electrónica de Enzo Maqueira

No creo en la eterna adolescencia. Ni en la vida ni en la música. El que se escuda ahí es porque se resiste a crecer.

 

[Juan Carlos Baglietto]

 

La novela se caracteriza por la compleja narración que combina la primera y la segunda persona para retratar la experiencia íntima y fragmentada de su protagonista, La profesora que se enamora del alumno adolescente. Este vínculo, más allá de ser una relación truncada, simboliza el cierre de una prolongada adolescencia propia de una generación de clase media argentina educada en los años 90. 

DRAMATURGIA

FRIDAS de Cristina Escofet por Ana Abregú

Yo habito la grieta entre lo que soy y lo que digo ser.

 

[Silvia Plath]

 

La obra comienza con Ana Yovino, presentando a Frida, un encuentro profundo entre la destreza del cuerpo actoral y la tradición mexicana de la muerte, en un cruce entre memoria, cuerpo y poesía.

Yovino baila en traje blanco y máscara de calavera, en una apertura que establece el vínculo con la ancestral celebración del Día de Muertos, donde la muerte se acepta y se honra con una estética que gira en torno a la calavera como emblema de transformación y reconciliación con el ciclo vital.

 

Almas de Griselda Gambaro por Ana Abregú

Soy una multitud. Cuando pienso o siento, ignoro quién piensa o siente.

 

[Fernando Pessoa].

 

Almas presenta  un intenso monólogo en el que la protagonista, Marion, entabla un diálogo consigo misma.

Marion ejecuta una impresionante transmutación al encarnar alternadamente voces que son un diálogo consigo misma; una forma de neutralizar la decepción que le produce las contradicciones de su realidad; logrado con una actuación de gran complejidad y profundidad. 

Dichas y desdichas del juego y devoción por la virgen por Ana Abregú

El teatro es un espejo que pone delante de los hombres a la realidad, con todas sus grandezas y sus miserias

[Lope de Vega]

 

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.

[Williams Shakespeare].

 

Comedia alegórica con estructura del Siglo de oro español, y conexiones con el universo shakespereano. Comedia aurisecular escrita por Ángela de Azevedo, con la adaptación de Julieta Soria. En esta obra, el escenario se convierte en un tablero de juego donde el Demonio y la Virgen juegan con el futuro, simbolizando una batalla entre ambas fuerzas sobre el destino y la fe. La representación incluye elementos de juego y conflicto entre figuras religiosas, combinando temas de azar, fe y amor en la trama. También en contacto con El pleito del Demonio con la Virgen, de diversos autores, siendo la más común atribución a Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648), importante dramaturgo del Siglo de Oro español.

 

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