METALITERATURA

Beca Creación 2021. Fondo Nacional de las Artes 2021.



El héroe del pizarrón

9/29/2023 Biografia
 
Por:   Teresa Gatto

Fines de un noviembre tórrido, años ’90, una compañera me solicita que la acompañe a sala de profesores porque había elegido un texto que había trabajado Roberto Ferro en Teóricos. Una novela de Napoleón Baccino, Maluco, la novela de los descubridores. Asentí con la firme convicción de no emitir sonido. La clase había sido magistral como la novela pero no sólo no quería encontrarme con él en un examen sino que ya había elegido trabajar a Roberto Bolaño.  Llegamos a sala de Profesores y allí esperaba un Ferro caballeroso, dispuesto, afable.  Cuando mi compañera dijo que deseaba trabajar la figura del héroe en aquella novela, Ferro le preguntó “¿Qué es un héroe?”. Ella ensayó toda suerte de respuestas frente a un rostro impertérrito que negaba con bonhomía. Cuando los argumentos se terminaron, el Profesor Ferro dijo: “Un héroe es un programa narrativo”. Y mirándome preguntó: “¿Y usted?”. Perturbada respondí que aún no me decidía. Saludamos, agradecimos y huimos, no volví a saber de aquella compañera.

Poco después Celina Manzoni interesada por cómo estaba trabajando a Bolaño me dijo que fuera al estudio de Roberto a buscar un ejemplar especifico de la Revista SyC., escrito por Noé. Ferro en ese número escribe una nota sobre Max Brod, superlativa.

Fui al estudio que muestran las fotos de casi todos, con ese pizarrón significante y estaba tan nerviosa que cuando me fui, amablemente me preguntó “¿Cómo se va?”, mi respeto era enorme. Por fin había accedido a otra liga. Así que lo entendí mal, escuche  “¿Cómo le va?” “Bien, bien, respondí”. Me miró y reafirmó: “¿que cómo se va...?” “Ah, en tren, en tren…y hui otra vez”.

La tercera sería la vencida. El tema de mi final era de Manzoni, llegué y me senté a esperar. Tiempo después llegó Ferro, miró la lista y dijo: “Tomá examen vos hasta el 10, a partir del 11 tomo yo”.

Yo era Negro el 11 y cuando dijo mi apellido fui hasta ese rincón como el inglés de El Matadero. Me recibió con amabilidad y me preguntó el título de mi investigación: “La violencia como partera de la Historia” dije, glosando a Marx. A partir de ese momento en que se acomodó en la silla, yo solté y di el mejor final de mi vida, no por la puntuación que fue más que óptima, sino porque charlamos, intercambiamos, él asentía y yo más redoblaba la apuesta. Lo que siguió fue una felicitación privada y pública, fuera del aula y el tiempo que quedó dentro del claustro no entregué nada que él no revisara primero. Le hice entrevistas por sus libros y muchas bromas. Me hizo un encargo delicado y lo cumplí con premura y afecto infinito.

Después, hubo iniquidades contra su persona como hay en todos los claustros, pero no hubo un lector tan generoso hasta el final. El martes participó de las Jornadas de Vanguardia, el miércoles también estuvo allí y el jueves no despertó.

Desde hace 48 hs. creo que es una broma. Cuando advierto que no, pienso que están tramando algo con Noé, y que sus fantasmas sabios rondarán para siempre el espacio del Instituto de Literatura Latinoamericana UBA y harán muchas travesuras macedonianas. No  muere quien es recordado. 





Ana Abregú.

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